CAPÍTULO CUARENTA: LA CABALLERÍA DE KAAS

 

 

CAPÍTULO CUARENTA: LA CABALLERÍA DE KAAS.

 

(Región Estelar controlada por la Federación Revolucionaria., en disputa con la          Jerarquía).

 

  • A las cinco, escuadrilla de Cañoneras Buster. Concentración de fuego, repito concentración de fuego. Dieciséis Grados de corrección respecto a la posición inicial. En Tres, dos, uno…¡ Ahora ¡

 

Como si fuera el inicio de una pieza musical interpretada por una orquesta veterana y perfectamente coordinada, las cacofónicas notas de las lanzaderas de misiles, baterías desintegradoras pesadas y ligeras, haces térmicos, cañones sónicos y demás instrumentos de guerra espacial de la IV Fuerza de Tarea de la Subflota B de la Armada Revolucionaria, dieron continuidad a la terrible partitura de una guerra fratricida.

Si algún observador externo preguntase sobre la IV Fuerza de Tarea de la Subflota B de la Armada Revolucionaria, es dudoso que nadie supiese decir gran cosa, más allá de un puñado de expertos en Táctica Militar.

Sin embargo un número considerablemente mayor de personas de toda ocupación, procedencia y etnia conocería a la perfección el sobrenombre por el que popularmente era denominada dicha unidad militar. Y más aún en lo referido a su legendario comandante.

La Caballería de Kaas.

Sus oficiales, pilotos y tripulantes formaban parte de una unidad de élite creada alrededor de un romántico y arcaico concepto de la guerra pretecnológica. La antigua caballería, a lomos de animales, siempre llevó a gala, como principios esenciales, la impetuosidad y la movilidad en el campo de batalla, la inteligencia táctica para concentrar el ataque donde fuese más necesario y por encima de todo ello, conducirse bajo los principios del honor. En la guerra y en la paz.

Valientes. Honorables. Soberbios. Rápidos. Mortíferos. Los hombres de la Caballería de Kaas habían logrado la terrible fama que atesoran los grandes guerreros.

Su comandante, el General Kaas, había obtenido lo que pocos oficiales logran en el curso de su carrera bélica. Convertirse en leyenda.

Durante sus años al servicio de la Armada Estelar Bernard Kaas se había distinguido sobradamente en la lucha contra los asaltos piratas a las rutas comerciales más expuestas de la Heptalogía. Su hoja de servicios, mejor que la de cualquiera, reportaba decenas de victorias y muy contados empates técnicos en el campo de batalla. Dotado de un instinto casi sobrenatural para la guerra, el General parecía capaz de adelantarse a los movimientos de su enemigo, disponiendo siempre las contramedidas más eficaces para la consecuente maniobra.

La Heptalogía, un estado nacido por y para la guerra, nunca encontró cómodo encaje en un periodo de paz tan prolongado, y acogió con suma alegría tener al fin la posibilidad de celebrar las hazañas de un héroe guerrero.

El Servicio de Comunicación Interestelar hizo el resto.

Cada batalla, cada escaramuza, cada acción de combate era transmitida a la totalidad del territorio de la Jerarquía, agrandando su fama de luchador invicto.

De forma coherente con la eterna campaña de “información” que la Jerarquía realizaba sobre sus colonos, y dentro del específico capítulo de hacer ver a los no conocedores la utilidad de pagar impuestos y tributos para el sostenimiento de la Armada Estelar (y para muchas otras cosas, de hecho) Kaas era el héroe perfecto.

El mensaje, como todos los del servicio de noticias SCI, era directo y claro: la Armada Estelar, con Kaas a la cabeza, evita que los piratas destruyan los convoyes de suministros y con ellos los alimentos y artículos de consumo que la Armada transporta para “El Pueblo” no conocedor.

El resultado fue óptimo. Los Servicios de Inteligencia de la Jerarquía reportaron que el General Kaas se encontraba en lo más alto de la lista de popularidad entre los colonos, mejorando asimismo la imagen global de la Armada Estelar y de la Jerarquía en su conjunto.

Sin embargo, algo se fue torciendo paulatinamente. El cada vez más profundo conocimiento por parte del General de los entresijos de la Heptalogía y de las acciones en las que la Armada Estelar cada vez más menudo se veía obligada a cometer, le llevaron a una posición disidente que culminó en una coalición con muchos otros oficiales desafectos, entre ellos el anciano General Linker (véase cap. 38).

Aquella alianza de conspiradores no pasó desapercibida para el omnipresente espionaje de Los Siete. Sobre la mesa del Primus Inter Pares constaban decenas de informes sobre grupúsculos de militares desafectos. Tantos, de hecho, que la cuestión delicada era como intervenir sobre todos ellos sin causar una verdadera alarma entre los oficiales no involucrados y acaso encender la mecha de una conflagración civil.

La incorporación a última hora de un grupo de altos oficiales de la Armada encabezados por Hermann Litis, quien a la sazón había sustraído parte del documento conocido como Dossier Fokkema y con ella había podido acceder a la información sobre los grupos rebeldes y los depósitos de naves y material, evitó la desarticulación del movimiento. Bajo la égida del hermano del Primus los grupos disidentes se unieron bajo un mismo mando, consiguiendo la ansiada unidad de acción que requería una operación de esta envergadura.

Tras varias semanas de huidas y escaramuzas, los revolucionarios pudieron agruparse en una porción de la Región Estelar de Gharmia, ocupando un número importante de planetas y formando la ahora conocida como Federación Revolucionaria, al mando del canciller- General Hermann Litis. Kaas, con toda su unidad, se unió al nuevo movimiento, en pro de la libertad y el derrocamiento de la viciada forma de gobierno de la Heptalogía.

El Servicio de Comunicación Interestelar aportó al mundo una versión bien distinta: el General Kaas había fallecido como un héroe, combatiendo contra una coalición de piratas traidores. La Jerarquía Unificada decretó tres días de luto oficial.

Desde entonces, Bernard Kaas, oficialmente muerto para la Jerarquía, extraoficialmente en la lista de sus hombres más buscados, combatía contra sus antiguos camaradas a las órdenes de Frederick Litis, con toda la impetuosidad y lealtad de la antigua caballería.

Sin embargo, algo había vuelto a torcerse.

Su legendario instinto hacía que su sospecha fuera casi una certeza. Sin embargo, necesitaba   evidencias que confirmasen   lo que le gritaba su lado irracional.

De momento, hasta que no tuvieran éxito las pesquisas, tenían una guerra que librar.

La situación general de esta batalla en concreto era magnifica. La maniobra de concentración de fuego había resultado de la mayor eficacia. La escuadra de cañoneras de la Armada Estelar se retiraba maltrecha. Por añadidura, los Cazas habían hecho su trabajo y habían dejado a las dos naves capitales de su enemigo sin escolta, a merced de los ataques de la Caballería.

Tras unos segundos de duda en los que los rumbos de los dos cruceros ligeros de la Armada parecieron erráticos, ambas naves cabecearon   y adoptaron un vector de huida, sin duda paso previo para pasar a Fase Dos y escapar de aquel campo de batalla sin opciones para ellos.

Kaas pensó en su enemigo. Una Flota de naves de última generación, pilotada y tripulada por buenos hombres, miserablemente mandados. Aquel comandante era tan inepto como muchos otros de la Armada, pero al menos tenía la virtud de la prudencia. Salvar las vidas de los hombres a su cargo es la principal tarea de todo oficial que se precie.

Lo cierto es que muchos de aquellos hombres, casi en su totalidad, pensó el militar revolucionario, se aliarían a su causa si conocieran la verdadera faz de la Heptalogía.

Sin dar ni una sola orden sus hombres persiguieron a los Cruceros Ligeros, provocando ingentes daños a los mismos antes de que estuvieran preparados para la Fase Dos. Estos dos no volverán a combatir en unos meses.

Un pensamiento de plena satisfacción inundó su mente. Su Caballería actuaba sola y como un solo hombre.

  • A todas la unidades. Bien hecho. Protocolo de evacuación de campo de batalla.

Con aquella manera seca de impartir las órdenes Kaas intentaba transmitir a sus hombres que la guerra que libraban debía tener un poso de tristeza para todos. La euforia o el humor debían quedar para cuando no se librase una guerra contra su propio pueblo.

Era un trabajo que debía hacerse. Pero no con una sonrisa.

Además, pensó Kaas, aunque aquella batalla concreta hubiese terminado con éxito, la guerra contra la Heptalogía seguía su rumbo indefectible hacía la derrota de la Federación. Una estrategia equivocada, madre de un patrón táctico contraproducente, estaba obligando a la cada vez más exigua Armada Revolucionaria a defender todo su territorio como si se tratase del ejército de un imperio en vez de una fuerza militar insurgente.

Un par de horas después, una vez terminada la batalla, su flota se dirigía a su propia base cuando, al revisar la bandeja de mensajes de su consola de mando, recibió una comunicación de un remitente muy interesante:

De: Grace Bellington.

Asunto: Nuevo uniforme.

Texto:

Estimado sr. Kaas:

                    Le indico que su nuevo uniforme todavía no está terminado. Esperamos poder recogerlo en breve, aunque debemos añadirle algunos detalles sin importancia. El material para dichos adornos de última hora llegará con el próximo convoy. Tal y como nos pedía, le indico el presupuesto: 24455, 333 Créditos de la Federación.

                    Un cordial saludo.

 

                    Excelente, un mensaje en clave del emisario que había enviado para recabar información respecto a sus sospechas.

La Traducción: Las gestiones estaban avanzando y se había producido el contacto pactado. Las sospechas eran ciertas, pero había que recabar pruebas. El contacto había enviado al Teniente a un destino cuyas coordenadas indicadas a través de la mención al “presupuesto”, según un sistema de codificación previamente pactado.

Introdujo las cifras en un sencillo programa informático y obtuvo unas coordenadas del sistema cartográfico galáctico: Colonia 267- Gh- Bld. En la Región de Gharmia.

El planeta también conocido como El Agujero.

De inmediato, usando una línea segura de comunicación, se puso en contacto con el General Linker.

  • Nuestras sospechas están confirmadas.
  • ¿Hay pruebas?
  • No, pero las habrá.
  • ¿ Crees que ha llegado la hora de activar el dispositivo?
  • A partir de ahora vamos a surcar aguar muy peligrosas.
  • Me fio de tu criterio. De inmediato paso a instruir a mis colaboradores. A Partir de hoy también serán los tuyos.

En la Colonia 267- Gh- Bld, una vez más el involuntario centro de muchos de los más importantes acontecimientos de la Galaxia, un haashi y un colono sellaban una alianza histórica.

A un lado Aizik Benyahi, Primer Puñal del pueblo Haashi, comandante de un grupo de espías de la Hermandad de las Doce Puntas destacado en El Agujero. Al otro Enzo Marzatti, no conocedor, colono, enzaam, informático experto y bisoño director de un incipiente movimiento de emancipación popular.

  • Finalmente habéis decidido aceptar el trato.
  • Sí. Tenías razón en muchas cosas. No somos expertos militares. No conocemos gran cosa respecto a cosas elementales como armamento, inteligencia, espionaje o protección. Necesitamos vuestra ayuda. Además, siguiendo tu consejo, investigué sobre vuestro planeta. He de decir que me causó sorpresa el nivel de protección de esos datos. Están en la capa más profunda del sistema de información de Los Siete, de acceso muy limitado. Un documento al que llaman Dossier Fokkema. De hecho sigo investigando en esa dirección, que promete ser muy fructífera.
  • ¿Leíste la historia oficial sobre nuestro genocidio, entonces?
  • La leí, y no sólo esa terrible historia. También sé el motivo de aquella matanza. Al parecer unos técnicos de la Heptalogía determinaron que la composición mineral de Haashadam estaba relacionado con vuestro sorprendente don auditivo. Una combinación de factores genéticos con la composición del agua, los alimentos, el subsuelo y el aire. Al parecer, y según el criterio de los técnicos, el ritual de la cueva producía una sobreexposición al mineral en cuestión que despertaba vuestros poderes latentes.
  • Gracias por los datos, pero seguiré creyendo que el Gran Espíritu de la Tierra Haashi es el que regalaba el don a su querido pueblo. No obstante, ello por sí sólo no justifica un genocidio tan completo, rápido y brutal.
  • Si, si lo justifica. En el informe sobre vuestro planeta no se especifica, pero se alude de forma tácita a una cuestión de seguridad estatal a máximo nivel relacionada con algo que denominan la “Octava Punta” a su vez íntimamente unido con el mineral predominante en vuestro planeta.
  • Muy interesante… ¿Puedes averiguar algo más?.
  • Podría, pero no con la consola desde la que accedo actualmente. Por no aburrirte con detalles sin importancia – Marzatti sonrió con cierta prepotencia – el vector de flujo de datos predominante del sistema informático de Los Siete es de fuera hacia dentro, es decir, de los terminales periféricos hacia los interiores, hasta llegar el núcleo. De esa forma se impide que los terminales periféricos puedan acceder a datos de forma independiente, sea de dispositivos más cercanos al núcleo o de otros dispositivos periféricos. Dicho con rapidez, sólo se puede acceder a los datos que proporciona el sistema, desde el núcleo hacia fuera.
  • Es decir, que sabemos sólo lo que ellos quieren que sepamos.
  • Salvo si logras engañar al sistema durante el tiempo suficiente como para que “crea” que eres un nodo situado en el núcleo de seguridad. Entonces si tienes acceso a la información. De esa forma he logrado acceder a la información. Cuando entro en el SCI ejecuto un programa “ad hoc” y listo.
  • Entonces ¿Cuál es el problema?
  • El problema es que, por alguna razón que todavía no alcanzo a comprender, la velocidad de transmisión de datos se hace más pesada a medida que vamos acercándonos al núcleo, que es donde está la información más reservada. He calculado el tiempo que me llevaría abrir dicha información con mi consola y con la consola del Gobernador Williamson. Con la potencia que tienen instalada nos llevaría más de mil días, descargando datos las veinticuatro horas de cada uno de esos días. Sin embargo…

¡             Marzatti se echó para atrás en su asiento, dispuesto a revelar la última travesura informática de su cosecha.

  • …Sin embargo, la consola del Alto Comendador Seerp podría servirnos. Realizando una serie de comprobaciones de velocidad enmascaradas en el correo rutinario entre Seerp y el Gobernador Williamson he determinado que, con una versión mejorada del programa, podríamos acceder a esos datos en unos veintisiete minutos.
  • ¿Unos veintisiete minutos?
  • Veintisiete minutos, treinta y tres segundos y veintiséis centésimas, con exactitud.
  • ¿Qué datos podríamos obtener?.
  • Podríamos acceder al mismo nivel de información que Seerp, y con mi programa, probablemente a toda la información de la Heptalogía, sea cual sea el nivel de reserva. Incluso a la conocida como “Octava Punta”. Se donde está es dossier. He llegado a las puertas. Sólo necesito un martillo lo suficientemente grande como para derribarla.
  • La consola de Seerp.
  • Exacto – Marzatti sonrió como un adolescente, excitado la posibilidad que se le presentaba –
  • ¿ Me estás diciendo que con mi exiguo comando debo entrar en el cuartel general de un Alto Comendador, superar las barreras de seguridad de la Armada Estelar y finalmente derrotar a toda una compañía de la División Especial de Tierra, para mantener una posición durante más de veintisiete minutos…?
  • Y salir con vida a ser posible.

Aizik meditó cuidadosamente la cuestión. Entrar en la consola de Seerp no sólo proporcionaría datos de gran relevancia, como por ejemplo aquel misterioso informe sobre la “Octava Punta”. También, y acaso más importante en el corto plazo, podría arrojar alguna luz respecto al paradero de aquella grabación tan valiosa que el fallecido Comendador Van Veeldvoorde, ( véase capítulo 16.) había mantenido con aquel interlocutor secreto.

No obstante, era una misión suicida.

El Agujero, dada su ventajosa posición en relación a la región controlada por la Federación Revolucionaria, y dada su condición de sede del gobierno del Alto Comendador Seerp, se había convertido “ de facto” en un cuartel general de guerra. Cientos miles de hombres, personal de la Armada, de tierra, intendencia, inteligencia y seguridad.

Un dispositivo de seguridad gigantesco rodeaba el palacio de gobierno de Seerp. Y para finalizar, la dependencias interiores del propio Comendador estarían, por razón de su cargo, custodiadas por una compañía de la División Especial de Tierra. Hombres excelentemente entrenados y fanáticamente entregados a su misión.

Miró a Marzatti. Se detuvo unos instantes a observar en su rostro aquella peculiar combinación de inteligencia e ingenuidad. La inteligencia de su mente aguzada y la ingenuidad propia de un pueblo engañado durante mil años, ignorante del verdadero pozo negro donde estaba viviendo. Ignorante de las guerras, del hambre, del genocidio, de los intereses económicos. Ignorante de que en ocasiones los que morían eran sus propios congéneres, o culturas alienígenas de tradición milenaria.

Marzatti y su puñado de seguidores estaban sólo comenzando a conocer la cruda realidad sus de sus amos. Pero el proceso era muy lento.

Era preciso avivar las llamas.

  • Bien, tengo un plan. Pero para ello necesitamos que obtengas una información concreta, y descargues todo el material que puedas, para enseñárselo a tus congéneres. Ya te diré cómo.
  • ¿ Qué información?.
  • Colonia 333- Gh- Fr. Busca y descarga todo lo que puedas, Informes. Imágenes. Documentos.
  • Si no lo encuentras por ese nombre búscalo de otra forma.
  • ¿Cuál?
  • La Colonia Probeta.

Una sombra de miedo oscureció la sonrisa ingenua de Marzatti, como si el mero hecho de escuchar aquellas palabras hubiera encendido la sangre de aquel joven, transformando a un dócil colono en un fiero guerrero enzaam.

El haashi recibió aquella oscura sonrisa con agrado.

Ahora sabía que los haashi y los enzaams combatirían codo con codo en la guerra que estaba por venir.

Y la sangre sería pagada con sangre.